El mejor proyecto del mundo

como un experimento, sino la mejor oportunidad para que este mundo en el que vivimos se convierta en algo mejor, siempre buscando algo mejor para las futuras generaciones.

En el modo en el que sepamos educar y motivar a las nuevas generaciones así tendremos la oportunidad de ver grandes profesionales que sabrán luchar y pelear porque en el mundo vayan las cosas mucho mejor.

Sin embargo, los adultos muchísimas veces pecamos de tantas cosas que ni tan siquiera nos damos cuenta del terrible daño que hacemos.

A tener en cuenta cuando eres adulto

niñosA la hora de tratar con niños la persona adulta tiene que tener en cuenta varias cosas:

– No le hables a un niño como a un adulto porque no lo es. Puede parecer demasiado simple, pero muchos adultos se empeñan en hacerles ver a los niños que son igual que ellos cuando en realidad los niños tienen sus limitaciones sobre todo por la corta experiencia de la vida que tienen. No le puedes pedir a un niño de 5 años que sepa comprender determinadas cosas.

– Nunca mermar la confianza de un niño. Cuando hacemos esto anulamos la personalidad y hacemos disminuir la autoestima del niño provocando terribles consecuencias. Intentaremos siempre en la medida de lo posible comprender su comportamiento y entender sus sentimientos.

– Los niños también tienen problemas no debemos menospreciarlos. Como adultos nos parece que los niños viven en un mundo de fantasía donde solo se divierten y piensan en jugar. Sin embargo, los niños tienen su propia estructura y complejidad, algunos incluso llegan a una madurez superior a la que le corresponde y a veces sienten preocupaciones con una gran intensidad.

– Es importante, casi vital proteger la autoestima de los niños, de ello dependerá en gran medida su desarrollo en su etapa adulta. Un niño con la autoestima alta sentirá una mayor seguridad y podrá desarrollarse con un éxito superior.

Tu hijo es el original

niñosEs un total error querer proyectar en nuestros hijos lo que nos hubiera gustado ser a nosotros. Lo que debemos hacer es aprovechar nuestra experiencia para poder evitarles los errores que cometimos y las malas decisiones que tomamos. Por ejemplo, educarles en la alimentación es fundamental, en cualquier caso, pero si lo pasaste mal de pequeño porque fuiste algo más gordito de lo habitual, educa a tu hijo para que en la medida de lo posible no pase por algunas situaciones que no te hicieron sentir nada cómodo.

Llevando a cabo una correcta alimentación e inculcándole un sentimiento deportivo, vida sana para un cuerpo y una mente sana.

Llegados a cierta edad tenemos las respuestas a algunas preguntas, sería muy cruel no pasárselas a tu hijo.

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Pesadillas o terrores nocturnos

El sueño es para muchos padres una asignatura pendiente, pues a veces cuesta que los niños se acostumbren a dormir del tirón sin ninguna interrupción.

En algunas ocasiones las interrupciones se deben a pesadillas o terrores nocturnos. Es necesario diferenciarlos porque no es lo mismo. Afectan de manera distinta y por tanto deben considerase diferentes, de hecho a la hora de ser tratados psicológicamente tienen una consideración distinta.

Pesadillas

Las pesadillas suelen despertar al niño durante la noche pero el niño las recuerda. Los contenidos que ha soñado son elaborados, no se aprecian movimientos ni sonido, si escuchas algún grito determinará el final de la pesadilla.

Normalmente confundimos las pesadillas con los terrores nocturnos. Vamos a hablar en esta ocasión de los terrores nocturnos más que nada porque los padres deben tener especial cuidado en el trato con estos niños.

Los terrores aparecen en el sueño no REM, se caracteriza porque el niño comienza a llorar o gritar con realmente terror. Es habitual que se incorpore. Se presentan con mayor incidencia en niños entre 4 y 12 años.

Sin embargo, no está despierto, sigue sumido en el sueño, puede ser que una vez despierto muestre algún síntoma de terror pero no es habitual.

No suele recordar nada de lo que ha soñado. Este tipo de episodios puede repetirse y sólo cuando se hacen demasiado intensos se hace necesaria la intervención de un profesional.

Lo que los padres deben saber

Todos sabemos el ritmo de vida que llevamos, sobre todo si trabajamos fuera de casa y tenemos hijos. Acabamos al final del día agotados y lo único que queremos es dormir toda la noche sin interrupciones, y no sólo lo deseamos la verdad es que lo necesitamos.

Cuando comienzan estos episodios es normal que los padres comiencen a perder la paciencia incluso se enfaden con los niños, en algunos casos porque no saben qué les pasa y por qué les pasa.

Es importante no despertar al niño ni tan siquiera hablarle, se recomienda dejar que siga su curso, aunque siendo padres les será difícil.

Se analizarán si es posible que existan factores que puedan estar influyendo negativamente en el niño y le produzca esas pesadillas. Si se consigue localizar, se tratará de remediar.

Algunas fuentes recomiendan observar la hora en la que más o menos ocurre este tipo de episodios, que suelen ser en la primera mitad de la noche y despertarle un poco antes, así se corta el proceso y se puede evitar.

Pero despertar a un niño durante su sueño puede alterar otras funciones necesarias que se realizan durante el sueño, lo cual no parece demasiado aconsejable.

Sobre todo hay que tener mucha paciencia y comprender que el niño lo está pasando mal y como padres debemos estar a su lado.

La lactancia materna

Hace seis años nació mi primera hija y con ella descubrí todo un mundo que, como para cualquier madre primeriza, era totalmente desconocido. Saber que el ser que has traído al mundo depende exclusivamente de ti, que tienes que alimentarla, lavarla, vestirla, etc. te vuelve menos egoísta y ves la vida desde otra perspectiva. O al menos, eso es lo que me ocurrió a mi. Está muy bien todo lo que te cuentan en las clases pre-parto, pero la realidad empieza cuando ya tienes a tu hijo o hija entre tus brazos; el momento en que piensas: ¿y ahora qué? Durante todas esas clases, el aspecto de la alimentación, entre otras muchas cosas, es uno de los más importantes. Te hablan de lo bueno de la lactancia materna, pero solo en teoría y muchas veces esa teoría también es errónea.

Con mi primera hija, la lactancia empezó relativamente mal (hay que decir que en el hospital no me ayudaron mucho con ella – se limitaron a empotrar la cabeza de la niña contra mi pecho con muy poca delicadeza, sin decirme cual era la mejor posición ni si la niña cogía bien el pecho o no). Total que salí de ahí usando dos pezoneras, cuando en realidad (y eso lo supe después) lo que pasaba era que la niña mamaba en mala posición y por eso me dolían los pezones cada vez que me agarraba el pecho. Poco a poco fui aprendiendo, no me rendí, y la niña mamó hasta los once meses, momento en el cual ella misma decidió destetarse con gran pena por mi parte.

 Lactancia materna

Ese no rendirme vino propiciado por la búsqueda de información acerca de la lactancia. Encontré en Internet a grupos de apoyo, formados por madres ya expertas que ayudaban a otras primerizas como yo a no desistir en las bondades de la lactancia materna. Algunos ejemplos son La Liga de la Leche o La Asociación Catalana Pro Lactancia Materna de la cual es presidente el pediatra Carlos González. Gracias a ellos y a la lectura del libro del Dr. González, “Un Regalo Para Toda La Vida”, descubrí que todo lo que sabía y todo lo que me habían contado hasta entonces, distaba mucho de la realidad. 

La base de una buena lactancia materna

 

En primer lugar, dar el pecho no tiene horas. El pecho se da a demanda, cuando el niño lo quiere; y cuanto más mama, más leche produce el seno de la mujer. Si se da la indicación que el niño tiene que mamar cada tres/cuatro horas y tan solo diez minutos de cada pecho, es probable que lleguemos a la frase: “Tuve que dejar de darle el pecho porque ya no tenía leche”. La posición en la que mama el bebé también es muy importante para tener éxito en nuestra meta. Si el niño mama en mala posición, cogerá mal el pezón, no succionará como tiene que succionar y no cogerá el suficiente peso. Por tanto, el niño ha de mamar en buena posición y hasta que él mismo suelte el pecho porque se siente saciado (la leche que mama al principio es más aguada que la del final, que es rica en grasas y es la que lo sacia y le hace coger peso). También es importante tener claro que la lactancia ha de ser en exclusiva hasta los seis meses, sin alimentación complementaria (caso papillas o fruta). A partir de los seis meses, podemos empezar a introducir alimentación a base de trozos blandos que el bebé estará encantado de probar. Eso sí, sin olvidarnos de la lactancia, que al menos tendría que prolongarse hasta los dos o tres años.

Lactancia materna

En mi caso, a los dos meses, mi hija empezó a tomar fruta hervida (según indicación del pediatra); a los cuatro meses, con papillas; y a los seis, con purés de verdura. Es muy probable, que si hubiera seguido las indicaciones correctas, ella hubiera mamado más allá de los once meses. No obstante, la vida me ha dado otra oportunidad para poner a prueba todos los consejos antes nombrados, y en dos meses nacerá mi segunda hija a quien pienso alimentar con lactancia materna exclusiva durante sus primeros seis meses de vida. Y si no le gusta al pediatra o la pediatra que escoja, buscaré a otro u otra que me entienda. 

¿Es mi hijo superdotado?

Cuando nuestros hijos comienzan a ser un poco conscientes de lo que les rodea, comienzan a desarrollar sus preferencias por ciertas cosas. Al relacionarse con otros niños se socializan y entonces su desarrollo se va enriqueciendo con experiencias.

El deporte forma parte bastante importante en la vida de un niño, al menos es lo que debería ser.

Preferencias tempranas

superdotado Desde el principio comienzan a diferenciarse niños y niñas en sus preferencias. Los niños se sienten atraídos por el fútbol y las niñas por el baile. Las camisetas de fútbol o los tutús suelen ser regalos con éxito asegurado.

Poco a poco van definiendo sus preferencias y puede ser que algunos se decanten más por lo intelectual y otros más por el aspecto físico.

La cuestión es saber analizar y ver el talento de nuestros hijos. Nos sorprendería la de niños superdotados que existen y que ni ellos ni sus padres saben que lo son. Para que conozcas algo más sobre este mundo te voy a dar unas anotaciones que te servirán.

Desde luego si tu hijo es superdotado o piensas que puede serlo es porque en él existe algo que a ti te llama la atención y necesitas respuestas.

Dicen que los niños superdotados suelen empezar a demostrarlo desde muy pequeños, desde bebés incluso, el primero en levantarse y hablar, antes que los demás en andar, antes que la media en muchas cosas que no siempre se tienen por qué cumplir. Recordemos ante todo que cada niño es un mundo y no siempre las estadísticas se cumplen.

Cuando van creciendo se van desarrollando algo más rápido que los niños de su edad, aprenden a leer antes, y sobre todo muestran un interés muy especial por aprender. Este quizás sea el factor más destacable. Los niños por norma general prefieren jugar a estar delante de los libros aprendiendo (siempre con matices), pero los niños que son superdotados además de tener sensiblemente un coeficiente intelectual superior al resto, necesitan aprender.

Los niños superdotados también pueden tener problemas de aprendizaje, es decir puede ser superdotado y tener problemas con la lectura, en este caso es vital que se solucione el problema si no se aún no se ha descubierto su capacidad, para conseguir que su evolución sea la favorable.

¿Cómo me doy cuenta?

superdotado Cuando van creciendo los niños pueden dar ciertos indicios si:

– Tu hijo rinde poco en el colegio porque no se siente motivado, se aburre, todo lo que le intentan enseñar ya lo sabe y no supone ningún atractivo estar allí.

– Tiene un marcado sentido del ridículo.

– Son muy tímidos, y a veces tienden a parecer menos inteligentes por temor a destacar o no pertenecer a algún grupo.

– Tienen una amplia memoria, también son atentos.

– Recuerda no tiene nada que ver que los progenitores sean superdotados. Pueden ser superdotados y los hijos con inteligencia media o a la inversa. Pueden ser niños superdotados con padres con inteligencia media.